Se levanta todos los días con ganas de dar un paso y que por fin le lleve al siguiente. Esa es la ilusión. Se levanta todos los días, da un paso y vuelve a la noche. Ya no siente su vida rodeándola, abrazándola, ahora siente cansancio. No quiere volver a levantarse, total ¿Para qué? Para volver a dormir.
Ni si quiera tiene tiempo para estar triste ¿Para qué? ¿Para volver a dormir? Todo es una tontería, todo es el problema mas grande de su vida. Pero...¿Dónde está el problema?
Se levanta y se mira frente al cristal de la ventana, las persianas bajadas enfatizan la expresión de su rostro. No se reconoce, le resulta familiar ese rostro, pero lo toca y se asusta al tacto de su mano.
Se queda horas frente a ese cristal, absorta...
No está permitido abrir esa ventana, ni para ella ni para nadie. Sobre su esplada carga la prohibición inculcada desde que era una niña. Pero ella sigue siendo una niña, es una niña grande.
Conoce su nombre. Lo olvida. Cristina. Nada. Son, sonrísa. Vacío.
Da igual, total ¿Para qué? Para volver a dormir.
4 de diciembre de 1995 o no. ¿Que mas dá? A ella no le importa. La ventana se abre. La curiosidad mató a una niña grande y a una niña pequeña.
Pero valió la pena.
La persiana se abría poco a poco, con esfuerzo. Se resistía a moverse después de tanto tiempo. Ella seguía mirandose en el reflejo, veía como iba despareciendo su reflejo, veía como una luz cegadora se extendia en sus pupilas. Estaba asustada, pero no sabia muy bien que tenia que hacer frente a esa sensación. Por esa razón permaneció quieta, frente a ese crital que poco a poco donde antes veía a alguíen irreconociblemente familiar aparecía el rostro de una niña, subida a unas escaleras largas. La niña grande empezaba a sentir una fuerte presión en el pecho, pero no sabia muy bien que tenia que hacer frente a esa sensación. Por esa razón sonrió. Cayó al suelo y la luz cegadora ya no era luz, pero ya daba igual ¿Para qué? Para volver a dormir...esta vez sabía quien era, era una niña de rostro curioso, subida a unas escaleras. Era lo más real que jamás habia visto, pero ¿Para qué entenderlo? Para volver a dormir hasta siempre.
viernes, 4 de septiembre de 2009
Un pequeño ¿Por qué?
Antes de todo quiero explicar el por qué del nombre del blog o por lo menos su significado.
Gassho es el acto de juntar las manos enfrente de tu propio cuerpo que, para los seguidores de buda, significa mostrar respeto, gratitud y humildad.
El zendo es el lugar donde se practica el zazen, el acto de sentarse (za) y llegar a la concentración enfocada en un solo punto (zen).
Con ello no quiero decir que sea seguidora, aunque lo que me lleva a ponerle ese título al blog es que me transmite mucho respeto, curiosidad, interés y comprensión a su filosofía.
Dicho esto, no tengo más que decir.
En infinitas ocasiones el silencio dice mucho más que la palabra.
Gassho es el acto de juntar las manos enfrente de tu propio cuerpo que, para los seguidores de buda, significa mostrar respeto, gratitud y humildad.
El zendo es el lugar donde se practica el zazen, el acto de sentarse (za) y llegar a la concentración enfocada en un solo punto (zen).
Con ello no quiero decir que sea seguidora, aunque lo que me lleva a ponerle ese título al blog es que me transmite mucho respeto, curiosidad, interés y comprensión a su filosofía.
Dicho esto, no tengo más que decir.
En infinitas ocasiones el silencio dice mucho más que la palabra.
Un castillo en castelldefels...
Este lugar tiene algo que nadie ve; los muros, las piedras que lo componen, la vegetación que lo adorna, las vistas que lo enriquecen.
Cuando estoy ahí el castillo deja de ser castillo y pasa a formar parte de mi.
Cuando estoy ahí el resto del mundo se aparta, se mantiene al margen y eso me hace sentir grande, no mejor que lo demás, sino diferente a lo demás.
Cuando estoy ahí, suelo observar nuestro pequeño mundo y a lo lejos la inmensidad del mar. En ese momento mi vida cobra sentido. La vida me habla en un idioma que solo yo conozco.
Cuando estoy ahí, sonrío. Sonrío mucho. Quizá no sea un lugar muy llamativo ni mágico a simple vista, pero creedme, lo es. Ese lugar lo tiene todo si lo sabes encontrar.
Es capaz de evadirme de mi realidad constante y disfrutar por un momento de la libertad.
Cuando estoy ahí el castillo deja de ser castillo y pasa a formar parte de mi.
Cuando estoy ahí el resto del mundo se aparta, se mantiene al margen y eso me hace sentir grande, no mejor que lo demás, sino diferente a lo demás.
Cuando estoy ahí, suelo observar nuestro pequeño mundo y a lo lejos la inmensidad del mar. En ese momento mi vida cobra sentido. La vida me habla en un idioma que solo yo conozco.
Cuando estoy ahí, sonrío. Sonrío mucho. Quizá no sea un lugar muy llamativo ni mágico a simple vista, pero creedme, lo es. Ese lugar lo tiene todo si lo sabes encontrar.
Es capaz de evadirme de mi realidad constante y disfrutar por un momento de la libertad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)