martes, 30 de noviembre de 2010

Igualdad de condiciones, dentro y fuera.

Ha llovido, se percibe en el aire. La llúvia frena la continuidad, calma el movimiento, limpia el pensamiento y entonces, después de un día duro de trabajo limpiando el mundo, llega al razonamiento para quedarse, porque sábe muy bien que es necesario. Yo también lo sé. No importa en absoluto, a pesar de sus apariencias, siempre es adorable. Se acerca algo pero es difícil acercarse a lo que llega, han cambiado muchas cosas, ha llovido mucho a lo largo de la vida. La llúvia trae cambio, siempre. Volver a nacer. Christo no era especial por renacer, quizá fuera el primero, eso lo desconozco, pero no ha sido el último. Yo renazco a menudo, todos renacemos a menudo. El renacer no es físico, aunque también puede serlo, pero el verdadero renacimiento reside en el pensamiento, como una cascada, se lo lleva todo, luego, se evapora y nace la semilla que aún no habías cosechado por desconocimiento de ésta. Pero ahí está, dándose forma, creciendo, llegando muy lejos con sus ramas, muchas ramas. Es un árbol, cuando vuelve a llover, del árbol nacen frutos, cambios, novedades, descubrimientos. La mente es como la vida y la vida de igual modo es como la mente. De repente puede llegar una gran tormenta que arrase con muchos renaceres, pero no puede acabar con la materia de éstos. Y luego renace otra vez algo distinto, un manjar diferente, algo que no habías probado antes pero sabe exquisítamente. Respetarse a uno mismo es respetar lo que te rodea, respetar el lugar de dónde somos, todos vivimos en un lugar único y del que todos somos poseedores. Poseemos la vida entera en el pensamiento y fuera de él, hay que ser muy necio para no darse cuenta de una verdad tan esencial como ésta. Hoy hablo de la importáncia de la llúvia, porque hoy es un día de llúvia, pero al igual que la llúvia crea vida, también necesita el sol para madurar, el viento para refrescarse, la tierra dónde crecer y crear caminos...

lunes, 27 de septiembre de 2010

Un grito de socorro a los antiguos

Ya he tenido suficientes roces con la necedad humana en la época en que me ha tocado vivir. Estos seres de los que hablo son humanos, como bien he dicho en la frase introductoria. Hay dos clases de humanos: los que nacen ignorantes y se convierten en necios, y los que nacen ignorantes, posteriormente y según su grado de madurez admiten su ignorancia y sobretodo disponen de un afán de superación propios de su persona. Los que buscan conocimiento a través de su propio razonamiento, y no del razonamiento social. Somos, por encima de todo, seres individuales que viven en sociedad. Pero en este siglo XXI ha aparecido otra especie dentro de la especie humana: A los que llamo “Los limitados”. Éstos, son hijos de hijos de humanos que nacen ignorantes y se vuelven necios. Estos hijos, los “limitados” son peores y peores cada vez. Mejor me explicaré. No he vivido en otras épocas, por lo tanto se deduce que no soy inmortal y que realmente tengo 19 años de vida. He leído acerca de muchas épocas pasadas en las que la vida era muy diferente a la actual. Quizá más bruta, con un índice de mortalidad más elevado al no tener conocimientos científicos sobre medicina, entre otras ciencias. Pero de lo que estoy totalmente segura es que el ser humano ha creído en algo intangible toda su vida, durante toda la historia humana que hasta hoy conocemos (más o menos). Llegó un momento en la evolución humana en que la inmensa mayoría, a lo que corresponde hoy en día, los países desarrollados, que los humanos dejamos de creer en algo intangible para solo fiarnos de los sentidos y a dar mayor importancia a los deseos, afectos y sensaciones que las situaciones causan en un humano, y sobre todo, a no creer en nada más que la evolución social que otros humanos individualmente, y mediante sus conocimientos han expuesto a la luz. El creer en algo nos ha mantenido serenos, vivos, naturales, esperanzados, ilusionados, felices, soñadores. Todo esto proporciona felicidad interior, por qué empeñarse en no creer en nada cuando te da más que te quita. El hecho de creer en algo que nuestros sentidos no alcanzan a ver, solo nuestro entendimiento puede, no significa que se deje de creer en la ciencia, en los avances. Creo que el mayor error que la humanidad ha experimentado es dejar de creer y convertirse en robots vestidos de huesos y carne, anhelando por encima de todo; riquezas, fama, poder, popularidad, belleza, etc. Lo superfluo de la humanidad. Estos humanos que han perdido toda esperanza, toda ilusión, todo afán de superación, todo SENTIDO DE LA VIDA… son a los que yo llamo “los limitados”, por el hecho de estar limitados por una fórmula matemática muy sencilla: carencia de interés por el entendimiento propio + una gran estimulación de los sentidos producidos por los avances materiales y de todo tipo = ignorancia remota.


De otra cosa estoy segura… voy a continuar con mi discurso.

lunes, 9 de agosto de 2010

De su más agradecida hija

Querida vida,

Me he enamorado.

Resulta que siento la necesidad de confesarme con usted, confesarme de un sentimiento, una pasión, un desenfreno que no soy capaz de seguir conteniendo en este pequeño corazón con el que me obsequiaste. He desarrollado ya bastante el mensaje que me diste al nacer en este mundo y sé, con toda seguridad, que acabaré alcanzando mi objetivo, bueno, usted ya sabe de qué hablo, así que me ahorraré obviedades. Como bien he dejado escrito al norte de este folio, me he enamorado y siento confesarle, porque no sé cómo va usted a reaccionar, ni qué castigo me impondrá, pero me siento obligada a decirle, por mi terco razonamiento, que, el amor por el cual estoy tan abismadamente hundida y por el cual mi corazón, a veces, más fuerte que la razón, pocas pero a veces, está absorbido, es, ni más ni menos, una hija suya. He sentido lo que es capaz de darme y va mucho más allá de lo que jamás me podrían dar los de mi especie, tercos, débiles, constantes, necios e ignorantes. Su hija me da fuerza, me llena de usted, me hace alcanzar un estado perfecto de paz, de alegría, de valor, de esperanza, de seguridad, de valentía, de fuerza... de mucha fuerza. A lo largo de lo que he vivido ya, he descubierto, poco a poco, un mundo totalmente contradictorio, me he dado cuenta de que vivimos boca abajo, cegados por nuestros actos constantes, he sufrido por ello, pero eso también me ha dado fuerza para luchar como un caballero lucha por su razonamiento más puro, con honor, con respeto, con piedad, con fuerza pero también con ingenio y sobre todo con amor, con un deseo, por el valor de lo que me ofreciste, lucharé por ello y mi vida correrá en ello, porque por eso lucho, por lo que me diste. Como iba diciéndole, he descubierto el arma más fuerte y letal del planeta, he conseguido encontrar el tesoro que escondiste en este pequeño mundo. Le doy las gracias por haberme abrigado en noches frías, por haberme dado el golpe en la espalda cada vez que mi mente se cegaba, por haberme hecho sentir realmente feliz, haber puesto en mi rostro una sonrisa en momentos amargos que ha provocado mi especie. No soy la portavoz del pueblo, por desgracia, pero siento la necesidad de agradecerle, de parte de toda la especie humana, que nos haya ofrecido lo que nos ofreció, que haya perseverado en su logro y que siga haciéndolo, que sobretodo haya sido paciente con sus errores, porque nada es perfecto en lo medida de lo perfecto, ni si quiera usted, pero la aprecio, la respeto , alzo mi copa y ¡brindo por su fuerza! . Todo puede cambiar, ese es vuestro lema, no lo olvide, y, un ejemplo leal y claro nos dejaste sobre la faz de este planeta tierra, la naturaleza.
Con mucho amor,
Su más fiel amiga, desde mi mente y mi corazón, le aseguro que muy pronto nos veremos las caras, persevere. Todo llega.

sábado, 31 de julio de 2010

Un laurel para el mar

A mano derecha, cogida de la mano del mar, mi fiel amigo. Él siempre está. Su tacto delicia mi piel, sus palabras son sabias, palabras de un único idioma que sólo él y yo conocemos. Me acoge, siempre lo hace. ¿Yo? Yo camino por otro camino de la vida, un camino literal, un camino blando que me demuestra una vez más, que la vida no solo son piedras.
¿Y Por qué me gusta recorrer éste preciso camino? Por varias razones; No ves la meta. No sigues un camino paralelo y “equal”. Sí saboreas la vista. Sí hueles cada paso. Un camino que mi amigo crea, dibuja...dibuja. A cada paso un nuevo camino. ¿A mano izquierda? No. A mano izquierda solo veo rutina, constante y asquerosa rutina. Sin embargo no me voy a quedar con eso, no. El mar, él si MERECE la pena.

Un motivo para la esperanza

Hay momentos que consiguen detener por un segundo tu tiempo. Donde parece que lo demás no importe, que la gente de alrededor ya no sea gente. Y los escuchas pero no importan. Donde los sonidos dejan abrirse paso en tus oídos, pero tampoco importan. Porque en ese momento nada importa. Lo único que importa es el muelle hacia tus pensamientos, la última gota que determina todo. En este caso la arena.
Un momento insignificante a la vista y a los sentidos hasta que ella interviene, se cuela por tus ojos y llega hasta la manilla que hace parar el reloj, el tiempo y da paso solo a tus propios pensamientos. Ahí me encontraba yo.
Cuando llegó estaba sentada junto a mi hermano, en una estación. Arena. Había una parcela de arena de playa junto a nosotros y entonces pensé.
Pensé en voz alta. Si fuéramos niños, aún más niños pensaría que la playa, en realidad, llegaba hasta aquí, suficientemente lejos de la auténtica playa como para sorprenderme e imaginarlo. Seguro que las casas están construidas encima de la playa y simplemente han dejado una parcela visible de arena, lejos, lejos de la playa. Y gracias a ese trocito de arena podemos saber que la playa es enorme, que vivimos encima de arena. Mi hermano dijo, me dijo: No lo pensaríamos porque ya no somos niños, y no, no lo pensaríamos ni aún siéndolo. Cosas que se saben.
Yo creo que sí, yo lo pensaría. Y estoy segura de que tú también lo harías.
Entonces nos levantamos.
Nos disponíamos a marcharnos cuando detrás escuché a un niño, podría incluso haberlo sacado de mi imaginación, pero no. Era muy real. Y el pequeño dijo: Mira papá, la playa llega hasta aquí.
Solo me hicieron falta esas palabras para sonreír. Para sentirme llena y complacida, para certificar que esos pensamientos no formaban parte de una loca imaginación. Justo en el preciso y exacto momento sucedió lo que necesitábamos. No únicamente para mi. Para todos.



Hechos reales.
Acontecimientos reales.

Autoconsejo

Por una vez busca, busca lo que nunca encuentras, porqué el nunca sólo es una palabra, una burda palabra sin sentido, el nunca no existe, el siempre tampoco. Es probable que las luces de tu camino se apaguen alguna vez. ¡Qué digo! Es más que probable, es seguro que dejen de dar luz en algún momento, pero no cierres los ojos por miedo a no ver, la luz no está pero el camino sigue, confía en el y da pasos firmes, sin miedo, gánatelo, y si caes... ¿Qué importa? Todos aprendimos a levantar. Y la mayor solución al miedo es la sonrisa. Ahora, prueba a andar descalzo por la orilla del mar, cierra los ojos, respira, inhala aire profundamente y déjalo salir por la maravillosa forma creada por tus labios al sonreír, ¿y luego? – Luego da un paso, y otro, y otro, y otro, cada vez más seguro siente como el mar acaricia tus pies, te anima a seguir, confía en ti. Porque entonces, sólo entonces será cuando todo y todos confiaran también en ti.

Nuestra semejanda con madre tierra.

Y me asomo al lago de mis fantasías, mirando mi reflejo, imaginando verte aparecer en él, acariciar tu sonrisa, sentir tu mirada posada en mis ojos, expresando lo que siento hasta en silencio, soñando que lo nuestro tiene algún remedio, viendo la perfección en cada parte de tu cuerpo, pido que me ames, amo que me pidas que te ame...
y luego llega la lluvia, aquel fino manto de lágrimas derramadas por la soledad que mancha mi reflejo... con él desparecen mis recuerdos, mis esperanzas, y tú..... me has echado al olvido
¿Y yo?
Solo lloro por ti.

Los inicios de una autobiografia - basada en hehos reales.

CAPITULO 1: Recuerdos imprescindibles

Quizá deba sentirme prisionera, por vivir en un mundo absorbido y cerrado, por respirar el mismo aire una y otra vez, por vivir una vida que ya fue vivida anteriormente...

No quiero vivir en la monotonía de la sociedad, no quiero tener la vida que imaginaron por mi, quiero ser yo, antes, mucho antes de ser yo, quiero respirar el aire de la paz, vagar por calles verdes, mirar y no ver lo que hay, sino ver lo que no hay.

He cometido errores, de lo cuales quedaron tercas cenizas que no desean desaparecer, desconocemos quienes somos, solo meros gustos nos presentaron, querría ser árbol, agua, arena, aire, fuego, eso es vivir, ser tu.

Nací un día cualquiera que a nadie importa, mi historia será la que yo quiera que sea, y así se cumplió...

Verdes bosques me rodeaban, no existía la razón ni el porqué, todo amado ser compartía su riqueza, su amor, su felicidad, un mundo en el que no existían malos, pero ¿qué historia sería leída sin mentes perturbadas ansiando el poder? Ninguna...

Mi nombre es Ragnhild, un nombre difícil de pronunciar para gentes del sur, procedente de una bruja del norte que ayudaba a los vikingos a ganar en las batallas. Un nombre con fuerza. Escribir una historia basada en mi misma. Difícil, pero no imposible.
Todo lo que guardo en mi corta memoria.

Nací bajo la sombra cálida de un pino de Bristlecone, alto, grande y fuerte, lleno de vida, esa vida me acogió entre sus grandes ramas junto a mi madre, la primera persona que tuve el honor de conocer y admirar, por su nobleza y fortaleza. Su nombre, Sidsel.
Desde aquel atardecer, 19 de septiembre de 1991, comenzó una vida, la mía.
Mi madre tenia un don, un maravilloso don con el que me hizo crecer, me enseñó cada parte de la vida, la gente, el respeto, la vida no es un juego nena, recuerda que te quiero el doble de lo que tu a mi. Aquel pequeño cuerpo crecía y mi mente con él.
Después de mi primer año de mi vida, el cual no recuerdo absoluta y certeramente nada, nació un pequeño monstruo, adorable, un hermano, un amigo, un enemigo, un compañero de vida, Trym.

Recuerdo una envidia tímida, él me robaba la atención de mi admirada madre, yo no podía permitir eso. Bajo la mirada controladora de mi madre, Trym se hallaba protegido, pero yo estaba al acecho y es que con tan solo un año de vida, mi madre, mi maestra lo era todo para mí.
Empecé con pequeñas trastadas, esconderle sus juguetes, pellizcarle, echarle las culpas por cosas que el nunca cometió, etc.
Yo no era mala, mi madre me lo solía decir de vez en cuando, mala, mala. Yo solo protegía lo que era mío. Al ser tan pequeña los pocos instintos que tenia eran lo único que traía conmigo desde su vientre.

Y aquí me encuentro, tumbada bajo la rama de otro atardecer...

Un año de vida, y demasiados por delante.
Hubo un hombre. Eso es. Orgulloso de su vida, y del fruto de esa misma vida. Un fruto que ya había probado antes, pero jamás le supo tan bien como aquel día de septiembre.
En sus ojos se reflejaba todo y al mismo tiempo nada. Era un hombre fuerte, lleno de energía que destinaba a hacer madurar sus frutos, brindarles apoyo y protegerlos para que ningún animal los devorara. Todo un hombre. Todo un padre.
De nobleza exuberante y de gran sabiduría adquirida con los años, reflejados en cada arruga, en cada palabra. No olvidaré su malhumor ni su mano dura, pues con ellos he aprendido y no dudaré en ningún momento de su absoluta idoneidad en mi vida.


Aquellos fueron mis principios, unos principios marcados con un final, pero del cual no puedo conocer nada, ni si quiera un ligero atisbo de lo que puede llegar a ser. Pero aun así un bonito y perfecto principio.

¿Qué vueltas da la vida, no?

No creo exactamente en el destino, ni en la suerte, pero si en algo intermedio, la naturaleza. Ella hizo que existiera una química implacable entre esos dos seres. Mamá y Papá. O más conocidos como Sidsel y Manuel. Creadores de mi universo. Ejemplos a seguir.



CAPITULO 2: Primeros recuerdos de la memoria


Hoy por hoy, me dedico a construir mi vida como ellos construyeron la suya. Me gusta dibujar, sentir, pensar y ver balancear las copas de los árboles con la brisa, oler el fascinante aroma que desprende la tierra, las plantas, la razón de mi existencia después de la lluvia.
Observando el curso de la vida. No puedo crear quejas por lo que vivo, aún teniendo 17 años, no considero que mi vida sea una injusticia, no soy mas que nadie ni soy menos que alguien, pero injusta es lo único que no es la vida. Las personas sí pueden serlo.

Me han pasado muchas cosas, pero aun así me queda muchísimo camino por delante. Ríos de amargura, mares de felicidad, océanos de experiencias.
He aprendido a ganarme mis pequeños premios, mirar al frente y disfrutar de lo que tengo.


Era un día caluroso de verano, íbamos papá, yo y Trym en la enorme bicicleta de papá. Yo iba delante, por supuesto. Riéndole al viento de lo rápido que saludaba, de sentirlo impactar suavemente contra mi cara y sintiendo ese salado olor a mar.
- ¡Más deprisa papá! ¡Corre, corre!
Trym era más callado, mas cobarde, tal y como me suele decir mi padre hoy, los hombres, hija, son siempre cobardes, no te rindas y dales su merecido.

Enseñar, aprender.

La gente para mí eran tan solo rostros felices, sin nombres, sin problemas, sin límites. Todos ellos saludaban y dedicaban una ancha sonrisa. En medio de aquel paseo todo parecía cuadrar, todo encajaba, cada perro, cada grito, cada carcajada, todo tenia un sitio preciso y exacto. Ese día aprendí algo. Después de cada caída se aprende algo.

- ¡oi! exclamó mi padre.
El ruido de una piedra clavándose en la rueda delantera, y la bicicleta elevándose por atrás. Lo siguiente que sentí fue el áspero suelo frío y cortante. Las rodillas de mi hermano y mías peladas, las manos igualmente peladas y alguna que otra rascada, pero ningún llanto fuerte. A mi se me caían las lágrimas, sentía un dolor punzante en cada parte que tocó ese frío suelo y en ese preciso instante, escuché a mi hermano, levantándose del suelo y diciendo:
- No pasa nada papá, otra vez.
Aprendí de quien menos me esperaba aprender. Levántate y sigue.
Ha esa edad no eres consciente de lo que aprendes, pero hoy puedo decirlo, y recordarlo como algo positivo.

De vez en cuando, en uno de esos momentos de pura reflexión, alguna que otra tristeza que invita al pensamiento a tomar una taza de café en tu mente, tumbada en la cama imagino lo que sería volver a ser aquella niña inocente, sin saber lo grande qué es el mundo y lo grandes que pueden resultar las pequeñas cosas. Donde cada noche, me acostaba pensando en fantasías, en mundos imaginarios, etc. Pero antes te embarcar en esa aventura, solo te hacía falta escuchar el buenas noches de mamá y papá, era el billete de ida. ¿Y ahora qué? Cuando menos te lo esperas, crees que todo es mejor, y empiezas a ser consciente de lo que es la vida, aunque solo un poco, sinceramente no creo nunca se llegue a ser consciente del todo. Y te vas a la cama con una amiga fiel, la preocupación. Aquel billete de ida se ha ido encareciendo con el tiempo.

Imaginando un ratito...

Muchas veces imagino cómo sería vivir en otra época, donde la libertad era el mayor logro, donde la lucha contra el mal se basaba en el honor, donde un hombre o mujer luchaba por su familia, por sus seres queridos sin importarles apenas su vida, donde las ciudades eran grandes bosques, donde el aire era puro, escuchar la dulce armonía de los ríos, la canción de la naturaleza brindaba una paz interior...
y pienso en el ahora, y no encuentro esa libertad, no encuentro el valor de la vida, no sabemos disfrutarla..
Escucha tu corazón, el corazón de la razón y escucha lo que te dice. Descubrirlo puede ser toda una experiencia o no, nadie es igual, y aquí está la diferencia... pienso ¿y por qué somos así?
Qué mas da ya... mientras te quieras a ti mismo, el tiempo es relativo, y la vida lo es depende del cómo la veas.
Existe un infinito. Una oportunidad para la vida.

Eso prefiero creer...

Un humilde poema agradeciendole a la vida

Dame lo que un día me ofreciste, vida,
Quizá no sea el momento,
quizá no lo merezca todavía,
pero ya he vivido bajo un templo
de estrellas, de infinita alegría,
y creo poseer ya
un mínimo conocimiento del qué,
del dónde, del cómo sería.

Para qué lamentar si contigo
Cada lugar, cada palabra,
Cada sonido significa.
Grácil, diferente y relativa,
En cada mente...
formando nuevas perspectivas.

Que puedo mas pedir yo,
Pequeña mujer que agradece
el latir de un corazón,
el calor chispeante que procede
del murmullo del amor.

Una bipolaridad innecesaria


Optimista, como saber que cada día aprenderás algo, como pensar que los problemas son solo obstáculos con los que nunca te llevas bien, pero solo es cuestión de pensar en el mañana y que hoy, ahora, te afecta, pero mañana nada será como ayer.
Pesimista, como saber qué no habrá nada bueno en la vida que pueda hacerte sonreír, que solo vas a andar hacia ningún lugar no esperando nada, cruzándote con problemas, e invitarlos a instalarse en tu vida, en tu corazón, en tu cabeza, darles de comer, darles fuerza, ayudarlos a que no decaigan, hablarles.
Cada uno decide su vida....Es verdad, ahora comprendo que el egoísmo es necesario. No siempre es bueno invitar y ofrecer tu cama a desconocidos.
No hay mejores textos que los escritos por uno mismo, los que realmente te definen.



lunes, 15 de marzo de 2010

la vida es un segmento existente entre dos puntos: corta o larga, he aquí una cuestión de intensidad.


Cuenta la historia que un malvado villano, cuyo aliento alcanzaba los lejanos horizontes del desconocido valle del prejuicio, dio a luz una hermosa sinfonía de cuya letra derivaba una larga cola de maravillados caballeros. Éstos, que sin duda alguna no parecían darse cuenta del hedor tan intenso que allí habitaba, cegados, sin olfato y añadamos, además, sin tacto, los caballeros con sus elegantísimos trajes de lana rasgada, sus grandes barbas que contenían más de sabiduría que de restos de restos y sus preciosos zapatos hechos a medida de un cuero acartonado donde se podía visualizar parte de una palabra semi-emborronada por la gracia de Dios o la desgracia de la que parten, es decir, la humanidad, se leía: -vin klein. No es más que otro prestigio añadido al asunto. Esta sinfonía encaminaba a cada pié a seguir una nueva ruta, el camino de la cual ya no era duro, sino blando; no era gris, sino amarillo y naranja y verde y rojo y azul; no era alaridos sin más, sino cantos para bailar de cuyas semillas crecían sus riquezas, todo lo que por el momento habían conseguido era mucho más de lo que sus propios actos habrían conseguido de haber estado vivos sus sentidos, claro, menos uno. El que importa.

my playlist