A mano derecha, cogida de la mano del mar, mi fiel amigo. Él siempre está. Su tacto delicia mi piel, sus palabras son sabias, palabras de un único idioma que sólo él y yo conocemos. Me acoge, siempre lo hace. ¿Yo? Yo camino por otro camino de la vida, un camino literal, un camino blando que me demuestra una vez más, que la vida no solo son piedras.
¿Y Por qué me gusta recorrer éste preciso camino? Por varias razones; No ves la meta. No sigues un camino paralelo y “equal”. Sí saboreas la vista. Sí hueles cada paso. Un camino que mi amigo crea, dibuja...dibuja. A cada paso un nuevo camino. ¿A mano izquierda? No. A mano izquierda solo veo rutina, constante y asquerosa rutina. Sin embargo no me voy a quedar con eso, no. El mar, él si MERECE la pena.
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