lunes, 15 de marzo de 2010

la vida es un segmento existente entre dos puntos: corta o larga, he aquí una cuestión de intensidad.


Cuenta la historia que un malvado villano, cuyo aliento alcanzaba los lejanos horizontes del desconocido valle del prejuicio, dio a luz una hermosa sinfonía de cuya letra derivaba una larga cola de maravillados caballeros. Éstos, que sin duda alguna no parecían darse cuenta del hedor tan intenso que allí habitaba, cegados, sin olfato y añadamos, además, sin tacto, los caballeros con sus elegantísimos trajes de lana rasgada, sus grandes barbas que contenían más de sabiduría que de restos de restos y sus preciosos zapatos hechos a medida de un cuero acartonado donde se podía visualizar parte de una palabra semi-emborronada por la gracia de Dios o la desgracia de la que parten, es decir, la humanidad, se leía: -vin klein. No es más que otro prestigio añadido al asunto. Esta sinfonía encaminaba a cada pié a seguir una nueva ruta, el camino de la cual ya no era duro, sino blando; no era gris, sino amarillo y naranja y verde y rojo y azul; no era alaridos sin más, sino cantos para bailar de cuyas semillas crecían sus riquezas, todo lo que por el momento habían conseguido era mucho más de lo que sus propios actos habrían conseguido de haber estado vivos sus sentidos, claro, menos uno. El que importa.

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